Cuando Nepal tembló, de Varios Autores

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Un libro que recoge los testimonios de varios supervivientes del terremoto que arrasó buena parte de Nepal el pasado 25 de abril.Relatos donde la destrucción, el desconcierto, el dolor y la pérdida desembocan en un rayo de esperanza. Un punto de reunión de voces y miradas dispares sobre un mismo suceso, experiencias distintas vividas en un mismo país a una misma fatídica hora. Un racimo de reflexiones sobre lo que supone sobrevivir a un desastre natural y cómo vivir algo así te cambia para siempre.

Ofrecimiento de Kolima books.

Antes de dar mi reseña, sólo quiero animar a todo aquel que me siga, que haga un sitio a este libro, dado que todo el dinero que se recaude irá a beneficio de los damnificados del terremoto de Nepal 2015.

Cuando me ofrecieron la lectura de este libro, no sólo me encantó sino que enamoró la idea. Desde hace muchos años he sido voluntaria en diferentes asociaciones, y cada vez que veo una desgracia, algo se mueve dentro de mí, que quiere escapar al sitio más vulnerable y castigado para ayudar en todo lo que me sea posible.

A nivel personal, diré que nadie está libre de sufrir una desgracia. Quizás por el país donde estamos, los pisos están construidos de manera fuerte, y no suframos tanta vulnerabilidad, y en caso de que suceda tengamos más recursos a nuestro alcance de que ellos puedan tener. Pero sólo en España sufrimos 2500 sacudidas al año, y cualquier desgracia por un accidente, puede ocurrir en cualquier momento.

Yo, personalmente, viví la riada que asolo Bilbao en 1983 donde perdimos lo poco que teníamos y en 1998 sufrí un terremoto de 4 grados Richter en Galicia, de la cual apenas lo percibimos. Por eso, digo que nadie está libre de pasarlo, y en el momento menos pensado puede pasarnos algo.

Leyendo, las diferentes experiencias, me doy cuenta, que la situación comienza de la misma manera una excursión agradable, una visita admirando los diferentes lugares sagrados, un día maravilloso… y, de repente, la tierra tembló. Las aves, comienzan a volar, los animales se ponen “violentos y nerviosos”, y la gente intenta no perder el control de la situación, sin entrar en pánico. A veces, te preguntas como actuarías en un caso como este, y creó que nadie es capaz de adivinar hasta que estás en el medio del meollo.

El terremoto de Nepal, sucedió el sábado 25 de abril de 2015 a las 11.57 hora local y tuvo una magnitud de 7.8 grados Richter. Sus habitantes estaban preparados, dado que cada 80-100 años se sucede una sacudida de tal magnitud, que destruye la ciudad, por  eso es habitual que los habitantes en su jardín tengan una “caja de terremoto” con todo lo necesario para sobrevivir ante un hecho como el acontecido.

El paisaje tras el terremoto, es desolador, miles de casas y edificios fueron destruidos, cientos de muertos se agolpaban en las calles llenando todo de putrefacción y caos. Todas las comunicaciones estaban cerradas, sólo en algunos locales había quedado la wifi conectada y gracias a ellos algunos consiguieron recibir mensajes de sus familiares de España o India indicándoles a donde ir, dado que las embajadas se encontraban cerradas y la desesperación por no saber cómo salir del caos podría mellar la estabilidad de más de uno.

Cientos de replicas se sucedieron durante los días siguientes. Algunas de ellas, se hicieron notar en Nueva Delhi. Un país vecino, desde el cual muchos de sus visitantes aterrizan, para acabar yendo a Kathmandu (uno de mis sueños).

Los establecimientos estaban cerrados, por lo cual no había comida ni bebida. La gente estaba agolpada en las explanadas, por miedo a un derrumbe. Solo los taxistas funcionaban multiplicado por diez el valor de una carrera.

Pero en mitad de todo, la constructora gallega San José, que por aquel entonces trabajaba en la ampliación del aeropuerto, y desde la cual evacuó a decenas de españoles con comida y agua. En este mismo recinto, también estaba la cónsul de la embajada española Laura, que con su ayuda inestimada, tranquilizaron a las decenas de españoles que se acercaron hasta allí buscando consuelo, sabiendo que la ayuda que necesitaban en aquel momento estaba allí.

Muchos de los que vinieron a España, sabían que “escapan” de una situación, pero tuvieron una sensación de “dejar abandonado” aquella persona que en el peor momento le ayudó a subsistir y que no teniendo nada, compartió con él lo poco que tenía. Muchas veces aquellos que menos tienen son los que más dan.

Sin duda, los relatos son breves, con muchas cosas en común entre ellos, pero con muchas ganas de volver al país. Es un libro que me ha encantado, por lo que estoy segura de que sí ayudamos a difundirlo, podemos conseguir una gran cantidad para ayudar a este país a ser lo que un día fue.

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