Relatos al óleo, de Sarilis Montoro Huguet

Relatos al óleo, de Sarilis Montoro Huguet

Relatos, leyendas, cuentos…todo está en los lienzos. Un lienzo en blanco es un tesoro; en él late una realidad invisible, una fantasía a punto de nacer, preparada para ver la luz a través de los ojos que se paseen por el inmaculado lienzo. Abandonamos los lienzos en blanco, giramos nuestros ojos hacía otra perspectiva y nos encontramos con lienzos repletos de nuestra historia, escenas que nos cuentan en silencio secretos, intrigas, aventuras o lo que el testigo ocular quiera ver, al gusto del consumidor. Los lienzos se convierten en cuadros, los cuadros se convierten en relatos, una especie de metamorfosis del arte.

Cada vez que comienzo una reseña me da mucho respeto. Es como sí fuera un lienzo en blanco, en forma de tesoro, del cual tiene que emanar el respeto hacia el trabajo del autor, como mi propio trabajo para realizar una presentación correcta y lo más exacta posible.

Aquí no podemos andar a media tintas, de me gusta o no me gusta, dado que las ilusiones que cada escritor ha dejado plasmado en sus obras, se puede empañar por una reseña dañina. Mis gustos no son los mismos que tuyos, y es posible, que los tuyos difieran de otra persona cercana, pero lo que prevalece sobre todo son las horas de trabajo, la ilusión puesta en cada una de las obras y el que posteriormente la crítica sea efectiva para intentar mejorar en busca de la obra perfecto.

La última vez que fui a Salamanca, al lado de la Plaza Mayor existe una pequeña galería con cuadros sencillos, pero hermosos. Desconozco el nombre, dado que entre por casualidad. En su primera planta, había un cuadro, mostrando una tarde veraniega, con el sol radiante, y con las flores hermosas deslumbrando en la parte del suelo. Hubo un momento que me llevó hasta ese paraje y respire su aire, compartiendo por un momento la obra con mis sentimientos.

Cuántas veces no te has quedado mirando un cuadro y, de tu imaginación ha brotado cien mil y una historias sobre la protagonista, o sobre lo que está pasando en ese momento que se está mostrando. Por ejemplo, frente a un autorretato ¿Quién es? ¿A qué se dedica? ¿Qué está pensando? ¿Qué le ocurre? y un largo etcétera de cuestiones que se nos puede plantear.

Llegó la hora, en que dejemos volar nuestra imaginación, nos pongamos delante de un cuadro, y podamos sentir por nosotros mismos lo que sucede en una tarde de verano en una campiña inglesa; en qué piensa una ama de casa frente a una jarra del S.XXI; qué le pasa por la cabeza a una sirena para aferrarse a los cuellos de un pescador.

Historias que. quizás nos la hayan puesto por escrito, nos hayan llevado a conocer todo lo que sucede, pero sin embargo en una imagen nos ha quedado sólo eso una “imagen” reflejada en la memoria, pero no nos hemos planteado la historia que en su interior guarda. ¡Ha llegado el momento de saber lo que ocurría!

Casi todas las obras de arte más importantes guardan un misterio, un “doble fondo” o una historia secreta, que merece ser contada y que nosotros debemos de conocer. Ya nada será igual. ¿Te atreves a aceptar el reto?

Un libro que no pasará desapercibido, que por fin podemos poner una historia a muchos de los cuadros del S.XIX y XX, pasando con sentimientos muy profundos. En sí es una lectura ágil, que no se tarda mucho en acabar, y que merece una oportunidad.

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