Las salinas del aliento, de Manuel Guerrero Cabrera

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Con estos tres versos Manuel Guerrero Cabrera anuncia que va a ser padre. Padre de los versos recogidos bajo el título de Las salinas del aliento, así como de una hija, Malena, que llegará al mundo y a la poesía en la parte final del libro. La oportuna coincidencia de ser padre y poeta en Manuel expresa el temor y las ilusiones de la paternidad en lo cotidiano ante la llegada de una nueva vida. Pero no todo es alegría para el padre, pues el poeta sabe que la vida es dolor y que su hija habrá de encontrarlo. Como apunta Luis Alberto de Cuenca en el prólogo, Manuel Guerrero es «un artista de la memoria, que se resiste a olvidar las películas de dibujos animados de su infancia, como la futbolística Oliver y Benji. Él se identificaba en esa serie con Julian Ross, el capitán y centrocampista del Mambo, que tenía problemas cardíacos. A todos se nos rompe el corazón cuando dejamos de ser niños, como nos recuerda Manuel en su poema Campeones Pero criaturas como Malena nos reconstruyen por dentro y nos ayudan a seguir adelante».

Recibí este libro hace varios meses, sin embargo, no es hasta ahora cuando realmente me he puesto “manos a la obra” tanto para leerlo como para escribir su reseña. Sin embargo, es un momento complicado, dado que este poemario, describe la alegría de alguien que anuncia que va a ser padre, mientras que yo acabo de enterrar a mi madre.

Malena, llegará al mundo, y con el su padre expresa su temor y sus ilusiones. Sabe que la vida es dolor, y que su hija deberá de descubrirlo. Deberá de luchar por seguir adelante, y que su ilusión – felicidad no se vea empañada. El poeta se deslumbra ante el ritmo del corazón, ante la ecografía de su bebé, ante la esperanza de que llegue un nuevo ser.

Luchará por compartir aquellos dibujos animados que disfrutó en su infancia. Nombrará a los personajes favoritos con los que se identificaba. Un todo canto a la paternidad, cual tuvo que revisar para formar un poemario hermoso.

Un poemario que describirá la fuerza de la sangre, la fascinación de la vida, el milagro del reflejo en los hijos, la propia niñez ante el futuro incierto y los recuerdos quedan plasmados.

El libro cuenta con el prólogo de Luis Alberto de Cuenca, cuyo sólo nombre indica garantía. Él es quien nos dice: “La presencia en el mundo de Malena contribuye decisivamente a desarrollar en su padre la mecánica del recuerdo, y, de ese modo, a golpe de evocación, Manuel va recorriendo sus primeras lecturas, los tebeos que iluminaron su infancia y su adolescencia, y nos transmite la emoción que deriva de ese viaje fantástico al corazón de lo perdido para siempre.”

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