Quiero un gato, de Tony Ross

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Todos los amigos de Mía tienen un animal con quien jugar, a quien cuidar y dar achuchones, menos ella. Mía desea un gato más que nada en el mundo, pero, a pesar de su insistencia, sus padres se niegan en rotundo con argumentos como: «Arañan, ensucian, maúllan, lo llenan todo de pelos…, íni pensarlo!». Un día se cansa de rogar y pasa a la acción. Se disfraza de gato y actúa como un gato desde la mañana hasta la noche: en casa, en el colegio, en el restaurante… Esta situación deja de ser divertida cuando los vecinos empiezan a quejarse: la gata Mía, subida en la tapia del jardín, no para de maullar a la Luna. ¿Encontrarán los padres de Mía una solución a este problema bestial? Una historia exultante, escrita e ilustrada con la gracia, la brillantez y la frescura de Tony Ross, maestro de la fantasía y el humor, capaz de crear personajes que despiertan simpatía desde la misma cubierta.

 

Para mí es muy importante la formación y educación de los niños, por que lo que hoy enseñemos mañana se materializará en una adulto respetuoso y sobre todo con grandes fortalezas.

¿A qué niño no se le ha antojado tener una mascota? Momentos complicados para los padres, que con paciencia, tienen que buscar argumentos que puedan ser atendidos, más alla de conceptos como responsabilidad, madurez u obligación, que dependiendo de la edad puede ser no entendidos.

“Quiero un gato”, es un cuento corto e ideal para leer antes de dormir. Cuenta el capricho de una niña que desea tener un gato. Ella, en pleno arrebato y rabieta de sus padres, adopta una insólita medida de presión: disfrazarse de gato y comportarse como tal, hasta conseguir su deseo.

La niña, tiene un comportamiento irracional y egoísta, hasta que los propios niños se sumergen en la historia, y detectan la forma incorrecta de proceder y de exigir de la pequeña. De los cuales extraen la moraleja, de los caprichos de niña que hoy son vitales, mañana dejarán de serlo y se verán sustituidos por otros que de repente ocuparán su lugar con la misma fuerza.

En cambio, para los niños que son más maduros y receptivos, consideran que cuidar a un ser vivo más allá del antojo de un día, y que es una decisión a tener muy en cuenta.

Sin duda, ideal para niños de 3 o 4 años.

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